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De la estupidez humana y el botellón encubierto
“Prohibido fumar, prohibido a ir a mas de 110, prohibida FIESTA PRIMAVERA,… ¡¡revolución cojones!!!”
Asi rezaba el estado de Tuenti de un conocido mio ayer por la noche. Y asi, me temo, piensan esas miles de millones de criaturas que, por casualidades de la evolución y el egocentrismo, se han autodenominado HOMO SAPIENS.
Y con este ejercicio de autocomplaciencia la especie “humana” se autoproclama como el ejemplo perfecto de sabiduría. Ojo, no inteligencia, sino sabiduría. Que el ser humano es inteligente como especie es algo que nadie pone en duda. Que la persona es lista y sabia es algo que está por ver. Que ya dijo un señor despeinado e ideas relativas: “hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, y de lo primero no estoy tan seguro”
Y asi es como yo me asomo al patio de mi facultad y veo jovenes promesas, brillantes abogados en potencia, geniales futuros asesores y mediadores, quizás famosos jueces y fiscales, quizás mediocres oficinistas, narrando sus peripecia en lo que ahora se ha dado a llamar “fiesta de la primavera”, cuando de toda la vida se ha llamado “botellona”. Pues es eso, no es más que otra botellona encubierta más. Cienes, miles de reses en oloroso ganado mugiente y malsonante se reunen voluntariamente, sin perro pastor que les guie, en una plaza, descampado o campo de concentración, para llevar a la práctica lo cientificamente conocido como “cogerse un pedo de mil pares de cojones”.
Y en las condiciones necesarias para que el gasto sea menor y la borrachera mayor, oigan: solazo de justicia, bebidas espumosas para que suba más rápido, mezcla indiscriminada de licores de gama baja, todos apretaditos como sardinas en lata en mitad de una orgía hippie.
Este ejercicio de masoquismo podría calificarse de innecesario y, a todos los sentidos, imbécil. Pero es bien considerado por la masa juvenil (y no tan juvenil), que gusta en perder los estribos, todo sea por “pasarlo bien”
Decenas de chicos pasados de rosca se apoyan contra la pared y echan la pota. Miles de jóvenes y jóvenas se arriman a una esquina a orinar, creando arroyos, rios, torrentes, lagos, mares y océanos de meado oloroso sobre el que pisan y los menos decorosos se sientan, rendidos ante la fuerza de la bilis que sube por sus gaznates.
Miles de personas se aprietan (no pocos son los que aprovechan esto y la alegría del alcohol para arrimar cebolleta), sudorosas y escandalosas. La princesita hija de papá de ropita fina de marca demuestra ser, una vez más, no ser más que otra “princesa de barrio”. Las “princesas de barrio”, por su parte, reafirman su condición. Quinceañeros, borrachos de hormonas, alcohol y creerse mayores, se infiltran y buscan camorra. Las conversaciones se limitan a pedir otra copa a gritos.
Y todo voluntario y bien recibido, oyes.
¿Cual es la excusa de todo esto? “Carpe diem, somos jovenes, bebamos como si no hubiese mañana, divirtámonos.”
Plasplasplasplas, has entendido perfectamente la filosofía del carpe diem, machote. Campeón, que eres un campeón.
No voy a negaros el beber. Beber es un pequeño placer de la vida. Beberse unos chupitos, unas copas, e irte a dar una vuelta con tus amigos es genial, por supuesto. Ver una pelicula tirado en el sofá con tu mejor amigo y una botella de ron para compartir es algo que no se olvida. Mirar las estrellas desde una playa oscura con un Jack Daniels en la mano es simplemente un extasis. Tambien lo es hHacer juegos de chupitos con el PlayTest en casa de un amigo, simplemente por el placer de pasar un buen rato entre risas.
Hacinarse sin más en un espacio cerrado para tragar litros de alcohol “hasta que el cuerpo aguante”… no lo es, perdonad que os diga.
Y sé que esto se repetirá en San Juan, como se repitió en Carnavales (este es más gracioso porque ver a un borracho disfrazado tirado en una acera aumenta el patetismo), como se repetirá también el dia de los fuegos de la Feria de Málaga. Como se repetirá, en fin, cada vez que alguien vea la oportunidad de organizar un botellón encubierto.
Bravo por vosotros, Homo Sapiens, bravo. Maslow estaba equivocado, arriba de su pirámide no están las necesidades artisticas y de autorealización. En la cúspide está el ánimo de volver a nuestros origenes: monos bonobos. Con la diferencia de que, al contrario que estos, nos gusta revolcarnos en nuestro propio autoconcepto de criaturas sabias y superiores.